Nuevas tecnologías: cómo están cambiando la forma de aprender (Resumen nota publicada por el diario La Nación el 21/04/2013)
Por Nora Bär  |
LA NACION

Hace más de 2200 años, el matemático, astrónomo y geógrafo griego Eratóstenes logró calcular las dimensiones de la Tierra con un mínimo error. Para llegar a su resultado se basó en la longitud de la sombra proyectada por una vara el mismo día y a la misma hora en dos ciudades diferentes. Sin calculadora ni iPad, la mayoría de los “gigantes” que nos precedieron, desde Newton hasta Copérnico o Einstein, no necesitaron mucho más que lápiz y papel para realizar aportes monumentales al conocimiento humano. De allí que muchos se preguntenahora con inquietud cómo está cambiando nuestra forma de aprender y hasta el funcionamiento de nuestros circuitos cerebrales- la ubicuidad de las pantallas portátilese internet.
Uno de los que avivaron el fuego de la controversia fue el escritor norteamericano Nicholas Carr en su libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Plantea que las nuevas tecnologías conspiran contra nuestra capacidad de concentración, reflexión y contemplación. En otras palabras, que están imprimiendo un cambio mayúsculo en nuestra forma de leer y de pensar, y deteriorando nuestros procesos de razonamiento.
El doctor Ezequiel Gleichgerrcht, investigador en neurociencias de la Fundación del Instituto de Neurología Cognitiva y profesor de la Universidad Favaloro explicó que para enfrentar esta pregunta habría que evaluar en primera instancia el aspecto evolutivo, es decir, habría que “determinar si el cerebro que nos permitía aprender antes es el mismo queel que nos permitirá aprender con esta revolución tecnológica. Resulta muy fácil pensar que nuestro cerebro cambia porque tenemos nuevas necesidades y que esas necesidades se transforman en deseos tan fuertes que pueden incluso transmitirse a nuestros hijos, así como las jirafas supuestamente desea bantanto alcanzar las hojas altas de los árboles que generación tras generación iban alargando su cuello. Esto no ocurre: los cambios grandes son azarosos y sobreviven los que mejor se adaptan al ambiente. Cuando como sociedad desarrollamos sistemas de escritura y, por ende, la necesidad de aprender aleer y escribir, aquellos cerebros que tenían más capacidad para adaptarse a esas demandas sobrevivieron y es por eso que encontramos en diversos estudios evidencia de que el cerebro lectoescritor tiene algunas diferencias importantes con el de civilizaciones que no tenían ese sistema de comunicación. Porejemplo, la introducción de la escritura ya no requería tanta memoria y de hecho se ven diferencias en el hipocampo, un área del cerebro fundamental parala consolidación de nuevos recuerdos.”
Investigadores del grupo de Sigman, como Andrea Goldin y colegas del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de BuenosAires, entrenaron a chicos de escuelas primarias con juegos de computadora queestimulan la memoria, la capacidad de mantener la atención durante un tiempoprolongado en un mismo problema y la planificación, tres ladrillos básicos del razonamiento humano.  “Incluso conprogramas de apenas diez minutos diarios durante diez días vimos cambios,pequeños, pero significativos -destaca Sigman-. Las mejoras se traducían enmejoras en otras pruebas de razonamiento y hasta en las notas escolares.”
Según explica Battro, el cerebrohumano puede atender varias cosas al mismo tiempo, pero siempre dentro de unsistema dinámico. “La capacidad de concentración depende de múltiplesfactores biológicos, emocionales, cognitivos, familiares, sociales y culturales-subraya-. Los medios electrónicos exigen tomar decisiones con rapidez; la«opción clic» es fundamental y decisiva para navegar en la Red. Pero saltar de untema a otro puede tanto estimular la sana curiosidad y la genuina creatividadcomo esterilizar una búsqueda o un aprendizaje. La pedagogía en la era digitaldebe profundizar en estas nuevas oportunidades y desafíos que son inéditos enla historia de la educación.”
Hay quienes, sin embargo, incluso tomando la presencia de las computadoras y sucedáneos en el medio ambiente infantil como un hecho positivo advierten que no hay que bajar la guardia.
Sigman por ejemplo destaca que hay que reconocer que el uso de internet es adictivo. Entrena y reemplaza al sistema de recompensa en las cosas más primarias. Y al entrar en ese ritmo uno entra en un circuito que no necesariamente funciona bien para la adquisición y consolidación de conocimiento. Son temas que se están empezando a estudiar. Uno con la computadora «terceriza» cosas que antes hacía por sí mismo. Por ejemplo,los cálculos mentales. Ahora directamente los delegamos en las máquinas, aunque sabemos que no es bueno, porque el cálculo no sólo sirve para calcular, sino que es un modelo de razonamiento. A veces, uno estudia algo en el colegio y diez años después lo olvida, pero no importa: lo importante no es el ejercicio en sí, sino el desarrollo de los dominios cognitivos que esto permitió.  Por lo tanto, sería bueno evaluar el espacio que le damos al uso de internet y cuánto esta herramienta puede afectarnos.  Hay que tomarlo con cierto cuidado”.