Desde el desarrollo evolutivo, el niño  nace en una familia y se va formando en ella constituyendo su personalidad a través de los vínculos e interacciones con sus seres significativos.

Es por ellos que los niños son portavoces de conflictos que abarcan a toda la familia.

En el trabajo con niños incluimos a su entorno significativo (familia) y extenso (Escuela, Pediatra, clubes, etc.).

Nuestra forma de trabajo terapéutica con los niños es a partir del juego.

 ¿Porque el juego?

 Por ser el primer canal a partir del cual el niño expresa, comprende, asimila y muestra cada una de las situaciones que experimenta en su vida.

 Es a través del juego que va a buscar resolver las dificultades que van surgiendo en su crecimiento evolutivo.

 El juego es acción, movimiento y también es quietud y observación, ensayo, error y aprensizaje. Es, a su vez, anterior al lenguaje.

Por eso como terapeutas vamos desde el juego hacia el lenguaje, buscando poner sentido y palabras a lo que se siente, para poder cerrar aquello que permanece abierto y sin resolución.

Aprovechando la espontaneidad y claridad en que los problemas aparecen en el acto de jugar podemos intervenir, ayudar a co-crear nuevas miradas, explorando nuevas posibilidades de resolución de conflictos.

Siempre teniendo en cuenta que: “El crecimiento de un niño es una posibilidad de crecimiento para todo el sistema al que pertenece”.